8 maneras de reducir la procrastinación sin planificar
Marzo 1, 2010 Sin Comentarios
Muchos tenemos tareas que realizar fuera del horario de nuestro trabajo. Puede ser que estén relacionadas con él, que sean parte de otro trabajo con un horario más liberal o que sean autoimpuestas para alcanzar nuevos objetivos personales o profesionales. En cualquier caso, cumplir con ellas puede resultar muy trabajoso.
Este tema ha sido tratado hace poco en el blog Red Lemon Club en una entrada muy interesante. Aquí la traigo en español a manera de una recreación/semitraducción del artículo original, reduciendo el número de puntos pero ampliando las argumentaciones. Espero que te sea útil:
1 – Toma aliento y simplemente empieza
No pierdas el tiempo planificando y dando vueltas a lo que tienes que hacer. Si bien algunas cosas necesitan planificación, no son todas. Muchas veces, la planificación es tan sólo una forma de evadir la realización de las tareas. Inspira profundamente y entrégate a la labor. A medida que avanzas, veras como las cosas van encajando.
2 – Asume que va a ser incómodo
Una de las cosas que nos detienen de realizar tareas son las emociones negativas. Esperamos que lo que vayamos a hacer sea una fuente de aburrimiento, que no tenga éxito, que sea criticado, etc. En realidad, estos sentimientos condicionan fuertemente tanto el comenzar como la misma realización. Así que considera algo: no todo lo que haces a lo largo del día te hace sentir bien al hacerlo. Y sin embargo, lo haces sin pararte a pensar sobre ello. Además, ¿cómo te sentirás cuando te lo hayas quitado de encima? Seguramente mejor que antes. Piensa principalmente en esto.
3 – Piensa en como te sentirás mañana.
La decepción y la frustración son unos sentimientos que tienden a acumularse. Juntos y en grandes cantidades, pueden conducir a la desmotivación y, como no, la depresión. Cuando te pares frente a tu lista de tareas pendientes y te asalte una excusa para no realizarlas, piensa en como te sentirás mañana respecto a todo ello. A mí, me funciona.
4 – Haz primero las cosas menos te apetezcan
Esto se me ha convertido en una regla inamovible. Lo que más me desagrada es lo primero que me pongo a hacer (si no hay nada más urgente). Si bien puede verse como añadir un obstáculo más a la ya de por sí difícil cuestión de ponerse a cumplir las tareas, lo cierto es que superado aquello que nos desgasta más, el resto será casi coser y cantar.
5 – Desconecta Internet
¡Ah, la red! ¡La gran fuente de distracción de nuestros días! Basta con que nos pongamos a buscar un poco de documentación para que nos perdamos en un laberinto de enlaces. O que hagamos un comentario en Twitter o Facebook para que los usuarios a quienes seguimos se dediquen a decir cosas interesantes y nos dejemos llevar por el maremagnum de información que proveen. Hay personas que pueden compatibilizar su trabajo con estas cosas. Otras no. Reflexiona durante 30 segundos si tú puedes o no. Si al terminar ese tiempo no tienes una respuesta clara, simplemente desconecta.
6 – Divide proyectos largos en pequeñas partes
A veces, tenemos por delante ideas o proyectos que parecen muy largos de realizar, por lo que nos cuesta más trabajo empezarlos. Para ello, resulta mejor dividirlos en pequeñas partes que nos sean más fáciles de enfrentar. De hecho, considera esta división como una tarea a realizar antes de ponerte con ello. Tras dar este primer paso, no sólo sentirás un progreso, sino que te habrás despejado el camino. Eso sí, no utilices esa pequeña planificación como excusa para demorarte más en ponerte manos a la obra.
7 – Sincroniza tu mente con tu reloj biológico
Todos tenemos unas horas del día en las que nos sentimos mejor para trabajar. Si por alguna razón, no puedes disponer de ellas (por ejemplo, un trabajo principal que te da de comer), analiza tu horario libre y fíjate en que momentos te sientes mejor y con mayor plenitud de energía. Aprovecha esos momentos por cortos que sean.
Por ejemplo, por mi trabajo “alimenticio”, llego a mi casa a eso de las 4 de la tarde. A esas horas, tras un pequeño descanso, empiezo mi jornada vespertina realizando tareas en las que no haya que concentrarse mucho. Tras 1 ó 2 horas, ya me siento en el mejor momento y me pongo con el trabajo que requiere más creatividad (especialmente escribir). Tras unas 2 ó 3 horas, mi ritmo decae y vuelvo a tareas que requieren menos esfuerzo (como revisar y seleccionar información). Finalizo el día con el siguiente punto.
8 – Descansa
Una de las peores costumbres es echarse a matar para cumplir nuestros objetivos. Error: el descanso es necesario. Piensa en esos personajes de videojuegos cuya vida se indica con una barra que va disminuyendo de tamaño cada vez que es herido, y que recupera su longitud normal cada vez que se detiene a descansar. Si no descansas, tu barra de energía se reducirá al mínimo y siempre estarás trabajando a medio gas. Esto contribuirá a desmotivarte y que cada vez te cueste más trabajo cumplir con tus tareas. Descansar adecuadamente te permitirá enfrentarlas con renovado entusiasmo.
En este punto, una recomendación: no te vayas a dormir directamente después de haber concluido con una tarea. Es muy posible que tu cerebro siga todavía trabajando a toda velocidad y que te cueste mucho conciliar el sueño. Personalmente, trato de reservar un pequeño espacio de tiempo para distraerme un poco, preferiblemente leyendo algo que no tenga que ver con el trabajo.
Imagen CC original de emdot.
Sobre el autor: Iván Lasso prefiere generar su propio material o, como en este caso, rehacer artículos ajenos complementándolos con sus propias experiencias para enriquecer el contenido. Puedes seguirle en su cuenta en Twitter o en su blog personal.
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