Cronometra las tareas ingratas para poder cumplirlas

mayo 11, 2011 1 Comentario

Todos tenemos tareas ingratas que debemos realizar y que tendemos a posponer. No me refiero a las relacionadas con el trabajo, sino más bien a aquellas relacionas con nuestro entorno y, principalmente, con nuestro hogar. ¿Quién no ha dejado la cama sin hacer o la mesa de trabajo desordenada? ¿Quién no ha dejado los platos sin lavar con la excusa de que tiene mucho trabajo por hacer y luego se ha encontrado experimentos de laboratorio enseñoreándose del fregadero? (Bueno, esto quizá no todo el mundo)

Las tareas ingratas lo son porque tenemos la sensación de que no nos aportan nada mientras las realizamos y que nos apartan de los verdaderos deberes que debemos cumplir, comiéndonos un tiempo valiosísimo que podríamos emplear de mejor manera. Pero esto, en la mayoría de los casos, es falso. Tan sólo se trata de una percepción distorsionada.

Cuando nos enfrentamos a algo que no nos agrada, percibimos el tiempo de manera diferente: en una película aburrida, una clase tediosa o una conferencia soporífera, tenemos la impresión de que pasa más lento de lo habitual. Lo mismo ocurre cuando debemos realizar una tarea ingrata: cada minuto parece durar 120 segundos. Basta con que tengamos esta apreciación una vez para que luego siempre nos justifiquemos con que esa tarea nos quita demasiado tiempo, cuando el que empleamos en realidad es poco menos que despreciable.

Para poder enfrentarnos a esas tareas ingratas con mejor disposición de ánimo y no refugiarnos en la justificación del tiempo desperdiciado, un pequeño truco que al menos a mí me ha servido ha sido tomar nota del tiempo real que empleo en ellas. De esta forma, me he dado cuenta de que en pocos minutos puedo tener la mesa despejada, la cama hecha o los platos limpios sin quedarme con la desagradable sensación de que podría haber aprovechado esos minutos de mejor manera.

No se trata de que cojas un cronómetro y contabilices exactamente el tiempo que te lleva, aunque tampoco es mala idea. Basta con que estés pendiente del reloj cuando empiezas y cuando acabas. Si lo haces, te darás cuenta de que empleas menos tiempo del que pensabas, principalmente porque no tenías en mente un número concreto sino una cantidad abstracta: “mucho”.

Un consejo: no te sabotees a ti mismo al hacerlo. No te tomes el tiempo cuando tienes la casa hecha un asco y debes organizar toda una estrategia militar para limpiar y ordenar. Hazlo poco a poco, en algún momento en que, por ejemplo, se te haya acumulado en la mesa demasiado desorden y éste te resulte molesto.

Y quien habla de las tareas de la casa, habla también de aquellas referidas a las actividades en las que estamos involucrados, ya sean trabajo o aficiones. Siempre habrá pequeñas cosas que realizar que vamos postergando debido a su pequeña importancia pero a las que asignamos mentalmente un tiempo desproporcionado e irreal para su realización. Prueba a tomar el tiempo que te lleva hacerlas y después compáralo con el tiempo empleado en realidad. Apreciarás qué diferencia hay entre ambos y te acercarás a ellas con mucha menos desgana.

Imagen: David Boyle

Sobre el autor: Iván Lasso tiene sus problemillas a la hora de enfrentar esas tareas ingratas y en ocasiones lo cuenta por Twitter. Cuando logra cumplirlas, saca tiempo para publicar en su blog Proyecto Autodidacta, dedicado a tutoriales de informática básica en cómic

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